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lunes, 25 de junio de 2012

La Eduacacion, No te Olvides del Pato, El Pianista


La educacion

Un hombre muy adinerado, visitó a Socrates junto con su hijo, para pedirle que se encargara de educar al joven. Socrates le dijo al padre que le cobraría 500 rupias, un precio bastante alto para ese entonces.
Al hombre adinerado le pareció demasiado dinero para educar a su hijo, y le respondió:
- ¡Con todo ese dinero podría comprar un Asno de primera!
Socrates entonces respondió:
- Muy bien, le aconsejo que lo compre. De esa manera ya tendrá dos.

Moraleja: No hay nada como una buena formación y educación, para seguir el camino del éxito.

No te olvides del Pato

Había un pequeño niño visitando a sus abuelos en su granja. El tenía una honda (resortera, catapulta) con la que jugaba todo el día, practicaba con ella en el bosque pero nunca daba en el blanco. Estando un poco desilusionado, regresó a casa para la cena. Al acercarse a casa, divisó al pato mascota de la abuela. Sin poder contenerse, usó su honda y le pegó al pato en la cabeza y lo mató.
Estaba triste y espantado, y todavía en pánico, escondió el cadáver del pato en el bosque. Pero se dio cuenta que su hermana lo estaba observando. Susana lo había visto todo pero no dijo nada. Después de comer la abuela dijo, “Susana, acompáñame a lavar los platos.” Pero Susana dijo, “Abuela, Pedro me dijo que hoy quería ayudarte en la cocina, ¿no es cierto Pedro? Y ella le susurró al oído: “¿Recuerdas lo del pato?” Entonces, sin decir nada, Pedro lavó los platos.
En otra ocasión el abuelo preguntó a los niños si querían ir de pesca, y la abuela dijo, “Lo siento pero Susana debe ayudarme a preparar la comida.” Pero Susana con una sonrisa dijo, “Yo sí puedo ir, porque Pedro me dijo que a él le gustaría ayudar.” Nuevamente le susurró al oído “¿Recuerdas lo del pato?” Entonces Susana fue a pescar y Pedro se quedó.
Transcurridos muchos días en que estaba haciendo sus propias tareas y las de Susana, finalmente él no pudo más. Fue donde la abuela y confesó que había matado al pato. Ella se arrodilló, le dio un gran abrazo y le dijo, “Amorcito, yo ya lo sabía. Estuve de pie en la ventana y lo vi todo, pero porque te quiero te perdoné. Lo que me preguntaba era hasta cuando permitirías que Susana te tenga como esclavo.
¿Hasta cuándo permitirás que tus pecados sin confesar te mantengan esclavo? Hoy puedes gozar de la gloriosa libertad si te decides a perdonar y a perdonarte.
Autor desconocido

El alpinista

Al hilo del último evangelio dominical, el de las dudas de Santo Tomás, os presento hoy un cuento sobre la incredulidad en el hombre. Es sólo un cuento, pero refleja muy bien como los hombres nos aferramos a lo que vemos y no confiamos en lo que no vemos...
Cuentan que un alpinista, con el afán por conquistar una altísima montaña, inició su travesía después de años de preparación, pero quería la gloria solo para él, por lo que subió sin compañeros. Empezó a subir y se le fue haciendo tarde, y más tarde, y no se preparó para acampar, sino que decidió seguir subiendo, y oscureció. La noche cayó con gran pesadez en la altura de la montaña, ya no se podía ver absolutamente nada. Todo era negro, la luna y las estrellas estaban cubiertas por las nubes.
Subiendo por un acantilado, a solo unos pocos metros de la cima, se resbaló y se desplomó por el aire, cayendo a velocidad vertiginosa. El alpinista solo podía ver veloces manchas oscuras y la terrible sensación de ser succionado por la gravedad. Seguía cayendo... y en esos angustiantes momentos, le pasaron por su mente todos los episodios gratos y no tan gratos de su vida. Pensaba en la cercanía de la muerte, sin embargo, de repente, sintió el fortísimo tirón de la larga soga que lo amarraba de la cintura a las estacas clavadas en la roca de la montaña.
En ese momento, suspendido en el aire, gritó: ¡¡¡ayúdame Dios mío!!!
De repente, una voz grave y profunda de los cielos le contestó:
-¿QUE QUIERES QUE HAGA?
- Sálvame Dios mío
-¿REALMENTE CREES QUE YO TE PUEDA SALVAR?
--Por supuesto Señor
-ENTONCES CORTA LA CUERDA QUE TE SOSTIENE...
Hubo un momento de silencio; el hombre se aferró más aún a la cuerda....
Cuenta el equipo de rescate, que al otro día encontraron a un alpinista colgando muerto, congelado, agarradas sus manos fuertemente a la cuerda... A TAN SOLO UN METRO DEL SUELO...