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sábado, 11 de agosto de 2012

Cristo me Redimió


¿Alguna vez has escuchado
la historia del niño que se
hizo un lindo barquito de
juguete?   Era un barco de
vela muy elegante.  Lo
quería mucho, y le gustaba
jugar con él.  Un día lo llevó
al arroyo cerca de su casa, y lo puso a flotar en el agua.  De repente sopló un airecito
más fuerte, que lo empujó más allá de lo que el niño pudo alcanzar.  La corriente se lo
llevó y el barco se le perdió.  El niño se puso muy triste, porque quería mucho su
barquito que él mismo había hecho con tanto cariño.
Varios días después, el niño andaba en el centro del pueblo y vio su barquito en una
tienda de juguetes y regalos.  ¡Estaba en venta!  El niño se dirigió con el dueño de la
tienda.  “¡Ese barco es mío!” le dijo.  “¡Yo mismo lo hice!   “Puede ser que sí,”  dijo el
hombre,  “Pero yo pagué buen dinero por este barquito.  Si tú lo quieres, me lo tienes
que comprar.”
El niño trabajó muy duro para ganar el dinero que se necesitaba para comprar su
barquito de nuevo.  Luego, se fue otra vez a la tienda y se lo compró.  Cuando salió de
la tienda llevando su barquito, lo miró con mucha satisfacción.  Lo sostenía en sus
manos, y dijo a su barco, “Ahora eres dos veces mío.  Yo te hice, pero luego te
perdiste.  Ahora te compré de regreso.  Ahora eres mío otra vez.”
Comprar de nuevo algo que antes era tuyo, es redimirlo.
Dios nos hizo pero estábamos perdidos y Cristo pago con su sangre para redimirnos, por eso ahora le pertenecemos doblemente.